La contaminación lumínica es el brillo artificial que la iluminación nocturna —farolas, anuncios, edificios— proyecta hacia el cielo, y que difumina y oculta las estrellas. Es la razón por la que, desde una gran ciudad, apenas se ven un puñado de estrellas, mientras que desde un lugar oscuro el firmamento aparece cuajado de miles de ellas y cruzado por la Vía Láctea.
Por qué importa
No es solo un problema para los astrónomos. La contaminación lumínica desperdicia energía (toda la luz que va hacia arriba es luz tirada), altera los ecosistemas (afecta a aves migratorias, insectos, tortugas marinas y a los ciclos naturales) y puede repercutir en el sueño y la salud de las personas. Y, culturalmente, nos desconecta de un cielo estrellado que ha acompañado e inspirado a la humanidad desde siempre.
Cómo encontrar cielos oscuros
Para disfrutar de verdad del cielo conviene alejarse de las ciudades, hacia el campo, la montaña o zonas protegidas. Existen mapas de contaminación lumínica (como los basados en la escala de Bortle) que indican lo oscuro que es cada lugar. Hay además Reservas Starlight y destinos de astroturismo certificados con cielos especialmente protegidos.
Qué se puede hacer
La buena noticia es que la contaminación lumínica es reversible: basta con iluminar mejor (luz dirigida hacia el suelo, de tono cálido, apagada cuando no se necesita). Cada vez más municipios adoptan alumbrado responsable. Mientras tanto, busca tu cielo oscuro más cercano y descubre lo que te estabas perdiendo. En nuestro directorio de observatorios encontrarás muchos lugares en zonas de cielo protegido.