La Universitat de València retransmite en directo el eclipse total del 12 de agosto de 2026 desde la histórica cúpula del edificio del Rectorado, su antiguo Observatorio Astronómico. La emisión, coorganizada por Fernando Ballesteros y Julia Suso (integrantes del Observatorio Astronómico de la UV), se distribuye por YouTube y por la web oficial de la universidad.
La retransmisión utiliza dos cámaras simultáneas: una acoplada a un telescopio que muestra el disco solar en primer plano durante todo el eclipse, y otra panorámica que ofrece una vista de la ciudad de Valencia con el Sol sobre ella, para que se aprecie cómo cambia la luz ambiente a medida que avanza el fenómeno. La emisión comienza a las 19:30 CEST, cubre el inicio del eclipse parcial a las 19:38 y se mantiene hasta la puesta de sol, sobre las 21:00.
Sigue el eclipse en directo
Aunque estés siguiendo el eclipse por pantalla, si además decides observarlo directamente necesitas gafas homologadas ISO 12312-2 siempre que el Sol no esté totalmente cubierto por la Luna. Las gafas de sol normales no valen. Solo dentro de la franja de totalidad, y solo durante los pocos minutos en que el Sol está totalmente eclipsado, se puede mirar a simple vista con seguridad.
Mitos y leyendas de los eclipses en las culturas antiguas
Antes de que la ciencia pudiera explicar lo que ocurría cuando el día se convertía en noche en mitad de la mañana, cada cultura tuvo que buscar su propia explicación. Y como suele ocurrir con los grandes misterios de la naturaleza, esas explicaciones dijeron mucho más sobre la mente humana que sobre el cielo. Los mitos de los eclipses son un mapa fascinante del miedo, la creatividad y las obsesiones de nuestros ancestros.
El patrón se repite en culturas de todo el mundo: durante un eclipse solar, algo devora al Sol. Puede ser un dragón, un lobo, un jaguar o un demonio, pero casi siempre es una criatura hambrienta que amenaza con dejar al mundo en la oscuridad para siempre. Y el papel de los humanos, casi siempre, es hacer el mayor ruido posible para asustar al monstruo y obligarlo a soltar su presa.
El dragón chino y los astrónomos ejecutados
En la China antigua, se creía que los eclipses ocurrían cuando un dragón celestial devoraba al Sol. La palabra china para eclipse, chih, significa literalmente "comer". La reacción popular consistía en salir a la calle con tambores, gongs y ollas para hacer un ruido tremendo que ahuyentara al dragón. Cuando el Sol volvía a aparecer minutos después, la conclusión era clara: el escándalo había funcionado.
La corte imperial se tomaba muy en serio la predicción de eclipses. Existía un cargo oficial de astrónomo real cuya misión era anticipar estos fenómenos para que la corte pudiera prepararse con antelación. Cuenta la tradición que dos astrónomos de la corte, Hi y Ho, no supieron predecir un eclipse hacia el año 2137 a.C. porque estaban borrachos, y fueron ejecutados por su negligencia. Es probablemente una leyenda posterior, pero da una idea de lo importante que era acertar.
Fenrir y el Ragnarök vikingo
En la mitología nórdica, los eclipses estaban asociados con el Ragnarök, el fin de los tiempos. Se creía que dos gigantescos lobos, Sköll y Hati, hijos del monstruoso Fenrir, perseguían eternamente al Sol y a la Luna por el cielo. Cada eclipse era una advertencia: en cualquier momento, los lobos podían alcanzar a sus presas y devorarlas. Cuando eso ocurriera de forma definitiva, comenzaría el fin del mundo.
El mito nórdico refleja una mentalidad muy distinta de la china. No hay tanto elemento de miedo inmediato como una sensación de fatalismo cósmico: los eclipses no son una amenaza que se pueda ahuyentar con ruido, sino recordatorios de que el universo camina hacia su final. Es una idea que casa bien con el carácter general de la mitología escandinava, donde incluso los dioses están condenados a morir.
Los mayas y la muerte del rey
Los mayas desarrollaron un conocimiento astronómico extraordinariamente preciso. Podían predecir eclipses con siglos de antelación gracias a sus observaciones sistemáticas del cielo y a su dominio del calendario. El Códice de Dresde, uno de los pocos manuscritos mayas que se conservan, contiene tablas de eclipses de una exactitud sorprendente.
Pero el conocimiento no eliminaba el miedo. Para los mayas, un eclipse solar era un momento de gran vulnerabilidad para el rey, cuya vida estaba místicamente ligada al Sol. Se realizaban rituales elaborados, a veces con sacrificios, para proteger al gobernante durante las horas peligrosas. Un rey que muriera durante un eclipse habría sido una catástrofe cósmica.
Rahu, el demonio decapitado de la India
En la tradición hindú aparece uno de los mitos más literarios sobre los eclipses. Cuenta la leyenda que el demonio Rahu, ansioso por conseguir la inmortalidad, se coló disfrazado entre los dioses cuando estos bebían el amrita, el néctar divino. El Sol y la Luna lo delataron y el dios Vishnu, para castigarlo, le cortó la cabeza justo cuando el néctar bajaba por su garganta. La cabeza consiguió así la inmortalidad, pero quedó separada del cuerpo.
Desde entonces, según el mito, Rahu persigue eternamente al Sol y a la Luna para vengarse. Cuando los alcanza, se los traga —eso es el eclipse—, pero como su cuerpo termina en el cuello, los astros vuelven a salir por el otro lado. La imagen es tan visual y tan explicativa que se mantuvo en el imaginario indio durante siglos.
Los aztecas, las estrellas y los sacrificios
Los aztecas creían que durante un eclipse solar el Sol era atacado por las estrellas, que aprovechaban la oscuridad para intentar devorarlo. Si el Sol perdía la batalla, el mundo terminaría en un cataclismo. Los rituales durante los eclipses eran especialmente elaborados y podían incluir sacrificios, en un intento de fortalecer a Tonatiuh, el dios solar, para que resistiera la agresión.
Es curioso cómo la misma imagen astronómica —el disco solar cubierto durante unos minutos— dio lugar a interpretaciones tan distintas: en China, un dragón goloso; en Escandinavia, el anuncio del fin del mundo; en la India, un demonio decapitado; en México, una batalla cósmica. Y todas ellas comparten un elemento común: la sensación de que, durante un eclipse, el orden natural se rompe y algo terrible podría ocurrir.
De los dioses a las gafas de eclipse
Hoy sabemos que un eclipse solar es simplemente la Luna cruzándose entre nosotros y el Sol, un fenómeno predecible con precisión de segundos. Pero conviene no perder de vista lo que significó durante miles de años. Cada vez que salimos a la calle con nuestras gafas certificadas para ver un eclipse total, estamos haciendo algo que a nuestros antepasados les habría parecido imposible: mirar de frente al monstruo cósmico sin temblar.