★ Cuenta atrás para el eclipse total del 12 de agosto de 2026 Astronomía para observadores del cielo

Eclipse total del 12 de agosto en directo desde la ESA

Retransmisión desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre (Teruel)

La Agencia Espacial Europea (ESA) retransmite el eclipse total del 12 de agosto de 2026 desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre, en la sierra turolense. Es uno de los emplazamientos oficiales elegidos por la agencia para cubrir el fenómeno, aprovechando el excepcional cielo oscuro de esa zona y la altitud del complejo.

La señal se distribuye por ESA Web TV y su canal de YouTube, con narración en inglés y comentarios científicos de astrónomos europeos. Es la opción ideal si te interesa acompañar la imagen del eclipse con la interpretación fenomenológica de lo que vas viendo momento a momento.

Sigue el eclipse en directo

La retransmisión cubre desde el inicio del eclipse parcial hasta el final, pasando por los preciados minutos de totalidad sobre la franja española. Aunque estés viendo el eclipse por pantalla, si además quieres asomarte al cielo a la vez, necesitas gafas de eclipse homologadas ISO 12312-2 siempre que el Sol no esté totalmente cubierto por la Luna.

Qué se ve realmente durante la totalidad

Si nunca has vivido un eclipse total, es difícil hacerse una idea real de lo que ocurre. Las descripciones se quedan cortas porque, más que un fenómeno visual, es una experiencia sensorial completa que involucra vista, oído, temperatura e incluso una extraña sensación en el ánimo. Los pocos minutos de totalidad son, para quien los ha vivido, uno de los recuerdos más intensos de su vida.

En los minutos previos a la totalidad, mientras la Luna sigue cubriendo cada vez más disco solar, la luz del entorno empieza a cambiar de un modo difícil de describir. No es la luz de una nube ni la del atardecer: es una luz "afilada", con sombras muy nítidas pero con menos intensidad. Los colores del paisaje se apagan y los verdes se vuelven grisáceos. Muchos observadores describen esta fase como una luz que no debería existir.

Las perlas de Baily y el anillo de diamante

Justo antes de la totalidad, la Luna cubre casi por completo el Sol pero deja pasar la luz solar por los valles del limbo lunar, esos huecos entre las montañas del borde de la Luna. El resultado son unos puntos brillantes en el borde del disco, como un rosario luminoso: son las llamadas perlas de Baily, en honor al astrónomo inglés Francis Baily que las describió en 1836.

A medida que la Luna avanza, esas perlas se van apagando una a una, hasta que queda una sola, especialmente brillante, en el borde del disco. Ese instante fugaz, con la corona solar ya visible alrededor y ese único punto de luz solar directa, se llama anillo de diamante. Es probablemente la imagen más icónica de un eclipse total y, en la retransmisión de la ESA, veremos exactamente ese momento gracias a los teleobjetivos instalados en Javalambre.

La corona solar: la atmósfera del Sol al descubierto

Cuando la última perla de Baily desaparece, comienza la totalidad. En ese momento el disco solar queda cubierto por completo por la Luna, y aparece rodeándolo la corona solar: una atmósfera exterior del Sol, tenue, blanquecina y con estructuras filamentosas que se extienden a lo largo de millones de kilómetros hacia el espacio.

La corona está siempre ahí, pero normalmente es invisible porque el brillo del disco solar es más de un millón de veces superior. Solo un eclipse total (o los coronógrafos artificiales en órbita) permiten verla desde la Tierra. Y no es una imagen estática: la corona se transforma con el ciclo solar. En años de máxima actividad, como en el que estamos, la corona es más simétrica, con largos plumeros que salen en todas direcciones.

Alrededor del disco, si la atmósfera lo permite, pueden verse también protuberancias: chorros de plasma rojizo que salen de la superficie del Sol y que, durante la totalidad, aparecen como salpicaduras rosadas contra la corona blanca. Los mejores telescopios de la ESA captarán esos detalles con una nitidez que sería imposible desde una cámara casera.

El silencio y el frío

Aunque la retransmisión es principalmente visual, hay dos cosas que solo se experimentan estando dentro de la franja de totalidad. Una es el silencio: durante los pocos minutos en que el día se transforma en una noche extraña, los pájaros dejan de cantar y las cigarras se callan. Muchos animales interpretan el eclipse como la caída de la noche y buscan refugio.

La otra es el frío. La temperatura puede caer entre 5 y 10 grados en unos minutos, porque la superficie deja de recibir radiación solar directa. En pleno agosto, en una llanura castellana o en un pueblo aragonés, esa bajada de temperatura se siente en la piel de una forma inconfundible. Es uno de los detalles que más impresiona a quien lo vive por primera vez.

El fin de la totalidad y la vuelta a la luz

Cuando la Luna comienza a apartarse, aparece el segundo anillo de diamante, esta vez en el borde opuesto. Un solo punto de luz solar directa vuelve a brillar contra el fondo oscuro, y en cuestión de segundos el cielo recupera su tono normal. Los pájaros vuelven a cantar. La temperatura sube. Los animales retoman su actividad como si nada hubiera pasado. Y quienes lo hemos vivido nos quedamos con esa sensación extraña de que el universo, por unos minutos, se ha detenido para dejarnos mirar.

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